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Late early hours

La gente se suele extrañar cuando digo que no me cuesta aguantar despierta hasta estas horas. Me encanta dejar pasar toda la noche, ver amanecer, desayunar oyendo a las golondrinas y meterme a la cama. Nada supera un buen anochecer, pero estoy aprendiendo a valorar la calma de las mañanas.
... Tan tan. Llaman a la puerta otra vez, ya va, ¿quién es? Fui a abrir y se metió en mi casa un amanecer ¡ahí va! ¡que bien! Sola... pensar que estaba sola y pensé: ¡joder! ¡que bien! ... Seguir la trayectoria que llevan las nubes y volver por la mañana igual que sale el sol...
Neverending Story
Volvieron los reproches. Debe ser que alguien le ha contado lo del último canto del cisne y antes de irse ha decidido hacerlo por la puerta grande.
Parece que hice bien al elegir la foto de la cabecera, no lo dice, pero es Phoenix y yo lo sé. Supongo que me sirve de recordatorio.
Me lo pido!
Mataría por tener esa matrícula y escribirle un U detrás...
These days...

(I'm drowning myself in lime tea)
Por fin algo de tranquilidad
Hoy he hecho un par de cosas sin premeditación pero con alevosía que han tenído resultados distintos:
Por la primera me estoy tirando de los pelos y dudo si algún día me perdonaré: no he ido al concierto de Marlango. Sí, lo sé, yo opino lo mismo de mí, qué le voy a hacer. Intentaré defenderme alegando que no lo sabía, que me lo han comentado un par de amigos que se iban a quedar en la biblioteca cuando estaba a punto de comenzar. Les he pedido que, ya que yo sola no iba a ir, me demostraran que era lo correcto. Como no hay manera de conseguir eso, me he lanzado al segundo acto del día, mucho más gratificante, eso sí.
Me he pasado por el despecho de Acoseitor aún sabiendo que no iba a estar y después he hablado con él: Anda, vente a mi casa y te invito a un tecito. Pues para allá que voy. Nos hemos bacilado lo justo, hemos hablado claramente, me ha contado sus penas y me ha invitado a cenar. Sacando un filete de salmón y otro de ternera del congelador: ¿Qué prefieres? Esto... pues... me da igual. Ains, si es que cuando no tengo que esquivar lo tejazos estoy muy cómoda con él.
Un par de abrazos sin lengua más tarde, bajaba hacia el metro pensando que hacía tiempo que no hablaba con nadie de Cefe, mucho menos tan calmada. Pero sé que cada día me queda un día menos para el momento que sea improrrogable enfrentarme a ella, y eso me agobia. Al menos esta noche, he estado muy agusto. Si no fuera por la tonelada de cebolla que me he tenido que comer... bueno, nadie es perfecto...



