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Café con posos

Me apetece meter un par de mudas y un par de camisetas en una mochila y salir corriendo a Mendez Álvaro. Me apetece quedarme dormida mientras intento leer en el bus. Me apetece comerme un sandwich en esa estación de servicio de Guarromán que tiene un gato blanco y negro que siempre viene a rondar. Me apetece ver olivos y más olivos. Me apetece ver las primeras fachadas con decoraciones en mostaza y ponerme nerviosa cuando aún queda una hora. Buscar con la mirada entre la gente que hay en las dársenas. El primer abrazo después de muchos días. El olor del coche. Hacer la compra en un super. La entrada del hotel. Ternerla para mí, sólo para mí el tiempo que quiera, sin preocuparme por las apariencias, y sentirme protegida de nuevo. La tranquilidad de saber que tengo dos días sin ninguna obligación más que ser feliz.
Quiero meterme en la cama, abrazarla y saber que cuando despierte todo seguirá siendo igual de perfecto.

Quiero despertar y ver que no he perdido, que no tengo que volver a luchar sola una batalla que no acabo de encontrar. 

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