Anoche, en la cama, cuando conseguí que la pluma escribiera -qué rápido se seca, copón- escribí sobre cómo duermo últimamente, sobre cómo están siendo estas noches y alguna chorrada más, pero al dar la vuelta a la página encontré algo que también escribí en la cama hace unos meses y decidí que prefería subir eso.
Hoy estoy encabronada, es uno de esos días en que un par de cosas salen mal y hay gente que se empeña en joderte más. Así que hoy me parece incluso más adecuado que ayer el texto que encontré, que, por cierto, me recuerda a aquella cojofrase cuya autora permanecerá en el economato por razones de seguridad.
A veces quisiera que en el mundo real riguieran las mismas normas que en el onírico. Quisiera que las cosas sin sentido se transformaran en otras nuevas, también absurdas, sin causalidad, sin falta de coherencia, aceptándolo sin sorpresa. Quisiera que como en algunos casos, si estás muy concentrada, pudieras cambiar las normas a tu antojo. Como en aquella pesadilla. Entonces gritaría, gritaría con todas mis fuerzas sabiendo que barreré las circunstancias, que el sonido la romperá todo y me dejará unas segundos de calma, antes de despertar y comprobar que el mundo no es tan horrible y que algunas cosas pueden ir bien.
(05/03/08)
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