[...] ni el Tetrarca, ni el procurador de Judea, ni el Sumo Sacerdote saben ni sospechan lo que la gente piensa. Se pasan el día metidos en el baño, untados de aceite, con sus concubinas.
-¿El Sumo Sacerdote también tiene concubinas? -pregunté.
-No lo sé. No sé lo que es una concubina ni lo que se puede hacer con ella en el baño. Yo creía que era una esponja.
El asombroso viaje de Pomponio Flato, Eduardo Mendoza
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