Vinci?
Ya he vuelto.
Vine, Vidi, y me fui de nuevo: el puente al pueblo, ya sabéis cómo es mi familia con estas cosas.
En la facultad me siento con más ganas que de costumbre, me veo más centrada. A ver si este año consigo coger velocidad, porque llevo demasiado tiempo renqueando.
Pero todo esto no me preocupa demasiado hoy.
Esta tarde me han medio acercado a casa en coche. Un tipo que me caía tirando a mal, y hoy me lo he pasado muy bien. Lo que hace tanto tiempo de incomunicación.
Los diez minutos posteriores de metro han dado para mucho: he quedado mañana con una amiga de la ex-facultad para emborracharla porque está rayada, yo diría premestrual, pero al fin y al cabo a mí también me apetecen unas cervezas. O unos litros en el parque, según amanezca.
Un par de paradas más adelante se ha bajado un chaval, un seudo-rapero, y se le ha caído la gorra. Le he gritado, pero no se ha enterado, así que me he encogido de hombros y me he acomodado en el asiento: tampoco iba a salir corriendo detrás de un chico con las piernas medio metro más largas que yo. En esa misma parada, una de las mujeres que se ha subido, se ha agachado y se ha quedado la gorra. Me ha hecho pensar en la historia de las cosas, ese trozo de tela probablemente provenga de una fábrica de Vietnam, después de un largo viaje en barco habrá reposado unos días en una sábana en el suelo hasta que el chaval pasilargo la compró. Ahora, probablemente haya hecho sonreír al hijo de esa mujer, que se la pondrá mañana para ir a clase y fardará de ella delante de sus amigos. Quién sabe cuándo ese niño la perderá, la tirará o se la robarán y pasará a unas nuevas manos.
Pero lo que realmente me ha hecho pensar es creer haber reconocido entre la gente a una bloguera a la que sigo desde hace probablemente más de un año. Por supuesto que no la conozco, ni siquiera la he comentado nunca, pero cada poco tiempo entro en su bitácora. Por un momento he sentido ese ansia de fama que te lleva a presentarte a gente que ya es famosa, de un modo u otro, como si diciéndole tu nombre entre un ‘qué ilusión me hace’ y un ‘me encanta tu trabajo’ fuera a causarle impresión o a convertirte en algo nuevo. Por el hecho de observar desde nuestra anónima cotidianidad solemos creer que aquello que vemos también nos ve, que para ellos también nosotros formamos parte de sus vidas. El seguir la pista a alguien ajeno a nuestro entorno satisface nuestra curiosidad, el cotilla que todos llevamos dentro, y trata de llenar un poco nuestras vidas. Para qué negarlo, quién más y quién menos, de un modo u otro, es fan de alguien; no es necesario leer las revistas del corazón para ser una maruja, para vivir en la vida de otros.
No he dicho que sea perfecta, sólo que lo hago lo mejor que puedo.
Ójala con eso bastara.
0 comentarios