Blogia
Café con posos

Nuevo día

Hoy ha sido un día interesante.

No me he mojado. Me. He. Empapado.
Hace tiempo, unos cinco años, una amiga a la que no he vuelto a ver, me decía Disfruta de la lluvia. Algún día te explicaré lo que significa esa frase para mí, tú disfruta de la lluvia. Nunca me lo llegó a contar, pero en aquella época aparqué el paraguas y pocas veces lo he vuelto a usar, con llevar un abrigo impermeable me basta, siempre sonrío cuando se me pegan a la cara los mechones empapados del flequillo.
Así que no me ha importado en absoluto.

Cuando he bajado a desayunar se ha sentado conmigo alguien que se ha pasado el último año y pico demostrándome que era demasiado superior a mí como para contestar a mis saludos. Hoy me ha llamado, me ha dado dos besos, se ha sentado y me ha estado preguntando qué tal me va. Y no, no me ha pedido nada.

He saludado a gente que veo muy de tarde en tarde y me he pasado 20 minutos hablando por el móvil alguien a quien le ha hecho mucha ilusión mi llamada, me he reído un montón en clase y estoy reconectando con una de esas personas con quien por mucho tiempo que haga desde la última vez que hablasteis, no cambia casi nada.

Por fin he conseguido taquilla y en uno de mis sitios preferidos, pero algo tenía que tener para estar en ese sitio y que no la hubiera cogido nadie… (Le he dicho a una compañera ¿Sabes lo que me ha pasado con al taquilla? Y me ha dicho: tú y yo somos Las Historias, siempre nos está pasando algo. Y es cierto, de ahí este blog ;p) Para ahorraros la batallita completa lo resumiré en lo último que he pensado cuando he salido por tercera vez en una hora de conserjería: No, señora; no es normal que al tocar un candado se separen la traba y el cuerpo y mucho menos que se desintegren los tres candados que me ha intentado colocar usted…

Pero lo mejor del día, sin duda, ha sido volver a cruzarme con sus ojos por los pasillos, volver a sentir ese cosquilleo cuando por enésima vez me sorprende mirando.

0 comentarios