Gamow
Ya estaba sobreaviso de que este tipo era un cachondo , así que cuando me quedé sin libro para el metro me di una vuelta por la sección 'Especial' -juro que se llama así- de la biblioteca de la facultad y cogí Uno, dos, tres.. infinito, de George Gamow.
Reconozco que el libro es entretenido pero no está a la altura de las primeras páginas, en las que la dedicatoria es a su hijo Igor, que quría ser cowboy, bajo un gracioso grabado de un chico-vaca y el primer capítulo comienza así:
Según un cuento, dos aristócratas húngaros decidieron jugar a un juego en el cual ganaría quien dijera el número más alto.
-Bien -dijo uno de ellos-, dí tú primieramente el número.
Después de algunos minutos de intenso trabajo mental, el segundo aristócrata dijo, finalmente, el mayor número en el que podía pensar.
-Tres -exclamó.
Entonces le tocó el turno al primero para meditar, pero después de un cuarto de hora se dio por vencido.
-Has ganado -le dijo.
Por supuesto los dos aristócratas húngaros no representan un grado de inteligencia muy alto (*) y el cuento no es, probablemente, más que una calumnia maliciosa, pero podría haberse sostenido realmente una conversación semejante si los hombres hubieran sido no húngaros, sino hotentotes. Sabemos positivamente, por los exploradores africanos, que muchas tribus de hotentotes no tienen en su vocabulario los nombres de los números superiores a tres. Si se pregunta a un nativo cuántos hijos tiene o cuántos enemigos ha matado, y si el número representa más de tres, contestará: muchos.
(*) Esta manifestación se confirma por otro cuento de la misma colección, el cual dice que un grupo de aristócratas húngaros se perdieron en los Alpes. Uno de ellos sacó un mapa, y después de estudiarle durante un buen rato, exclamó: "¡Ahora sé dónde estamos!" " ¿Dónde?", preguntaron los otros. "¿Ves esa gran montaña, allí? Estamos exactamente en su cima"
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