Soy atea -shhh, no lo leáis en alto, que mi familia me excomulga, digo... me deshereda- pero por ironías de la vida y porque, dicen, todos tenemos que creer en algo, yo tengo mis propios dioses también llamados Fuerzas.* El panteón se compone de Gravitatoria, Electromagnética y Nucleares Fuerte y Débil.
Con las Nucleares no he tenido el gusto de tratar. Estuve a punto de hacerme una resonancia/radiografía (?) de contraste pero a mi madre le dio la paranoia y pasé de que me inyectaran liquidito radiactivo en las venas. Además me dijo un amigo que se te seca la boca y te escuecen los huevos, pero no sé si es aplicable huevos=ovarios...
La Gravitatoria y yo hemos tenido nuestros más y nuestros menos, prueba de ello son las cicatrices de mis rodillas, algunas de ellas recientes, no os creais. Pero ya vamos llevándonos mejor.
La que me tiene enfilada es la Electromagnética. Desde pequeña he sido capaz de provocar el malfuncionamiento de diversos electrodomésticos con mi simple presencia. Lo juro. He sobrecargado la memoria de un Pentium recién encendido con un copy&paste en Word de dos o tres líneas; he destrozado el software de la nevera (sí, claro que tienen, ¿sino cómo crees que mustran la temperatura en digitales?) con sólo entrar a la cocina; el único osciloscopio que dejamos vivo en los laboratorios funcionaba de una manera original cuando yo lo manejaba; los relojes acaban funcionando a intervalos y con ritmo aleatorio cuando los llevo puestos; y otros muchos ejemplos estúpidos.
Pero lo que me duele es la manera que ha tenido de vengarse de mí últimamente.
Mi ordenador, que debería tener nombre de mártir, sufrió a muy temprana edad una subida de tensión -¿Una subida de tensión?¿En esta sociedad, en este siglo?- que destrozó su fuente de alimentación y, según sospecho, la bios, el disco duro, o sus más tiernos sueños de infancia, a saber. Desde entonces no ha levantado cabeza, al arrancarlo cada día me saluda con uno de esos globos amarillos con mensajes de error, uno distinto cada vez, para que no me aburra, y de vez en cuando desaparece algún programa o aplicación que vuelve a aparecer misteriosamente al reiniciar, para enviar algún otro fichero al limbo, of course.
Para colmo la conversación que suelo mantener con el mejor antivirus que he podido conseguir es:
- You have n virus (where n tends to infinite) Ignore or Delete?
- Delete
- Sorry, virus cannot be deleted. Accept or Accept?
Estoy segura que en el fuero más interno de su RAM está pensando: No way, I'm not gonna mess around those guys. Did you see what they did to poor old Microsoft Outlook? Better leave them alone.
Así que el todopoderoso Electromagnetismo ha decidido obsequirme con el maltido caballo de Aquiles a rebentar de troyanos, gusanos, unidentifieds y vete a saber qué más, capitaneados por un Trasgo Cabrón (decidí que si pasaba tanto tiempo conmigo merecía ser bautizado) que debe hacer las delicias de cualquier proyecto de hacker cotilla que se tope conmigo.
¿Qué hago? ¿Le pongo una velita al libro de Electro o mejor consigo una placa base y me arrodillo ante ella?
* Los motivos de mi creencia no acaban ahí: cierto año en el instituto, cuando yo ya sabía que quería estudiar Físicas, thank god, tuve un nefasto profesor que nos dijo que la mejor manera de aprender su asignatura era "Fé y Paciencia". ¿Y para qué cree este hombre que existen las matemáticas, los laboratorios y las demostraciones? Después de la irritación inicial decidí tomármelo a coña y responder en los ejercicios con un 'porque así lo quiere Dios y quienes lo cuestionan van al infierno'