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Café con posos

Cuaderno de viaje

No sólo tengo algo de público (yo, Trillian, la República Independiente para todo el mundo, quien puede pasar días sin hablar con nadie que no sea un felino) sino que entre ellos se encuentran dos blogueras de élite. Esto empieza a darme vértigo. No me interpretéis mal, me alaga que la gente que acaba aquí por casualidad decida vovler y dedicarme un par de minutos, pero llevo muy mal el miedo escénico, suele hacer que el cerebro se me atore y las pocas ideas que tengo se queden sin forma definida.

Así que, en ausencia de una idea mejor, dejaré por aquí algo que escribí hace dos veranos. Curiosamente, intentando evadir recuerdos, acabé recordando cosas que ya casi tenía enterradas por ser aún más molestas (prefiero el adjetivo disturbing) y resulta que ya no me incomodan tanto.

Casitas encaladas coronadas con teja naranja. Árboles, pinos, olivos, cipreses, manchas verdes componene el paisaje. En la distancia, el mar reclama la atención que merece. Es azul. Azul intenso. El azul más azul que jamás he visto. Pequeñas motas blancas de oleaje salpican su superficie impasible. Un poco más lejos, una isla, una loma verde uniforme de pinos independientes en forma de pinar contínuo, sólo roto por una delgada línea amarilla en la costa. La playa. Leves montañas calcáreas caen en suaves acantilados hasta el mar. Las estrías rocosas se mezclan con los árboles, que luchan por llegar hasta el cielo anclándose en cualquier pedazo libre de arena. Ahora entiendo lo que significa que la belleza te supere. Bienvenidos a Croacia.

[...]
Dubrovnik es una ciudad de gatos. Es una ciudad de acantilados blancos y mar azul, de calles estrechas y sillas en la puerta, de turistas que pasean por lo alto de sus murallas y niños que juegan a sus pies, de yates de recreo y barquitas de pescadores, de caos de trazado a pie de calle y uniformidad de color sobre sus tejados. Dubrovnik se sabe paraíso terrenal y lo asume. Sus gentes están acostumbradas al intenso azul de su mar y a las blancas piedras de sus paredes y acantilados, lo disfrutan y lo admiran. Hay algo en sus pinos y sus montañas que te hacen sentir en casa.
Dubrovnik no se puede describir con palabras; es mediterránea, es medieval, es blanca y roja, es radiante, está viva, es un conjunto de rincones, calles estrechas, es interminables escaleras y casas con parras en al terraza, es calas de blanca piedra y negros erizos, es montañas grises moteadas de pinos, es gatos observando a los turistas, es espuma de mar al romper con las piedras. Dubrovnik apacigua el alma y colma el espíritu.

2 comentarios

Trillian -

Pues cámbialo de 'pendiente' a 'obligado', porque es realmente incríble. Creo que es el único sitio en que he estado al que necesito volver.

Eh! Que yo era (y soy) de las que se ponen coloradas a la mínima y les da corte hablar con todo el mundo... :$

Voy a ser mala y darte envidia: ayer fue fiesta, hoy es fiesta en mi facultad y mañana sábado. Chincha! ;P

Sita -

Uno de mis viajes pendientes... o no... Siempre quise conocerlo.

Mil besos DE VIERNES!!! (miedo escénico?? tú?? anda ya!)