Blogia
Café con posos

¿Fin?

Ha sido... extraño, impersonal, algo forzado y algo tenso, tirando a formal, casi vacío y doloroso. Pero sobretodo extraño, muy extraño.

La primera vez que he llamado -apretando al botón verde sin mirar, sin pensarlo, como tantas otras veces- he tenido que colgar al minuto porque estaba trabajando, recordarme parpadear por el asombro -¿ha borrado mi número?- y servirme un copazo de mi amigo Baileys para calmar los nervios y la impresión -¡ha borrado mi número!-.

Horas más tarde ha sido más fácil, porque ya sabía que no me iba a rechazar, sabía que no me lo iba a poner fácil pero al menos no me iba a colgar en el primer minuto. Me ha costado hacerla hablar, ha empezado como siempre, diciendo lo ocupada que estaba y quedándose callada, pero se ha suavizado algo después de hablar yo un poco de mí y me ha contado qué está haciendo y qué va a hacer.
Por supuesto, y por si acaso, ha dejado muy claro en todo momento que está muy ocupada y que no tiene tiempo para quedar, ni aunque quisiera.
Me ha explicado cómo va a ser su verano como yo lo haría con mi abuela; bueno, más bien como lo haría con mi tía la del pueblo a la que veo tan poco que no tengo cariño pero sigue siendo mi familia y debo hablarla. Oficial. Ha sido oficial. Y mira que es algo que me recriminó porque considera hipócrita, pero me ha contado sus proyectos laborales y punto. El único comentario personal -que estaba jugando al tenis- ha sido para explicar el ruido de fondo y meterme prisa.
He oído demasiadas veces sus muletillas que quieren decir 'no tengo ningún interés en seguir hablando', he recurrido demasiadas veces a los comentarios positivos que dices cuando no sabes qué decir, he tenido que cubrir sus silencios incómodos con demasiados comentarios absurdos, he sentido que estaba demasiado lejos de mí y que me trataba como apenas un conocido. No es que haya sido una mala conversación -la primera en un año en que no discutimos- pero no me basta como probable última charla; podría haber sido un buen comienzo de acercamiento, pero no existen acercamientos en una sola fase; como últimas palabras, me resultan huecas, insuficientes.

16 minutos y 3 segundos más tarde me he quedado vacía. No estaba triste ni contenta, ni nerviosa ni tranquila, ni asustada ni aliviada. No estaba de ninguna manera. Me he quedado vacía, sin saber qué sentir ni qué pensar.
Y eso es extraño.

 

Ah! Y no, los libros ni mentarlos. Quizá deba darlos por perdidos. 

1 comentario

Gwen -

Puf yo jamás permitiría q alguien se quedara con mis libros, si quieres te doy un par de ideas para pedirlos sin q suene mal, la tercera opción me guardo xra cuando tenga q pedirte el mio jajajaja es broma