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Café con posos

Reconozco que aún son muchísimos los días que recuerdo sabiendo que no debo, que pienso, que imagino, que sueño. Hay veces que lo necesito para aguantar, hay veces que lo controlo, sonrío y dejo de pensarlo; hay veces que me puede y me limito a dejar que el tiempo pase, hay veces que prácticamente no duele y me siento fuerte.
Pero también ha habido un par de días que me he sentido desbordada, como en enero, y que se me humedecían lso ojos sin poder controlarlo y sin apenas darme cuenta, en cualquier momento, en cualquier lugar, sintiendo que volvía atrás sin saber por qué.

Y es que hace un año ya. Hace un año de aquel nick perdido, de las farolas con forma de logaitmo, de furi y enepla -ene para los amigos-; casi un año de aquel primer abrazo a 500km, de tu voz de camionero afónico a primera hora de la mañana con tu amigo en el coche, de la conversación de 8h, de las dudas y las ganas, de los mensajes a todas horas; casi un año de los nervios adolescentes, del abrazo en medio de las escaleras, de las miraditas del recepcionista y lo poco que me importó, de aquel sofá rojo en el que querías volver a fumar, de cuando me dormí sentada delante del ordenador, de aquel salmorejo casi tan rico como el de tu madre y de las horas mirando una diminuta pantallita en la que aparecías tú.

Y es que llevamos meses sin hablar. Y yo no entiendo dónde estás, porque a esa persona que tiene tu cara y tu nombre parece que ya no la conozco. Pero creo que sigues ahí, tras el silencio y la frialdad, y que algún día, quizá, asomes la cabeza. Mientras, yo, sólo tengo que citatrizar y seguir avanzando, sin caminar despacio pensando en volver atrás.

(Te robo la canción, que aunque no lo creas, me sube el ánimo)

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