Papel y boli
Me encantan las papelerías. Siempre me han gustado. Pegar la nariz al escaparate y mirar las colecciones de bolígrafos y plumas, esos pequeños cajoncitos de madera para las cartas que siemrpe acaban llenos de papales, facturas y resguardos; o entrar y toquetear los cuadernos pequeños, ver los dibujos de las portadas, pasar a los maletines de pinturas que siempre huelen a madera, ver por el rabillo del ojo las cartulinas de colores e intentar encontrarles una utilidad para poder ponerte una excusa a ti misma y comprarlas y al final acercarte a los óleos para intentar distinguir entre las tonalidades y recordar que nunca podrías haber hecho Bellas Artes.
¿No os pasa? Con los años he descubierto que le ocurre a más gente, que nos encanta tener varios tipos de bolígrafos y rotuladores, algunos emplean códigos de colores para las asignaturas y las prácticas, tener agendas monas y cuadernos chiquitines que al final no empleas para nada pero te resultan irresistibles.
Y esto me lleva a recordar La vuelta al cole. Hecho de menos decir "No mamá, me falta un cuaderno, y no puede ser amarillo, porque el profe de lengua dice que da mala suerte. Y necesito un boli azul para los enunciados, negro para las respuestas y rojo para corregir" Y llegar a clase con la mochila llena de libros nuevos y esa sensación de estar de estreno...
Ahora, cuando llego (a tiempo) los primeros días a la facultad sólo pienso dos cosas: a) mierda, odio esta asignatura y tengo que repetirla o b) mierda, mientras daba la vuelta al folio el profesor ya ha llenado dos pizarras más.
Pero hay algo que echaría de menos si volviera al cole: allí no puedes tomarte tu tercio de después de clase...
2 comentarios
Trillian -
Gracias por la visita, Sinfo! (o debería decir Sinfonía Agridulce? ;P )
kss & hugs
sinfonia agridulce -
kss