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Café con posos

Sin personalidad

Yo ya había asumido que me consideraran Jorge Arribas -tengo la voz grave ¿pero tanto?- que por lo que averigüé es un tipo que dio un número falso en el videoclub para robar películas. Es la alternativa cutre al eMule. Poco después recibí llamadas diarias preguntando por El Rincón del Jamón -sí, el nombre es un alarde de originalidad- fácilmente explicado cuando ví una furgoneta de reparto con mi teléfono rotulado: un simple error que quedó como coña. Hace unas semanas, al descolgar, un tipo me gritó: ¿¿La jamonera?? Me entraron ganas de cogerle el pedido y asegurarle que estaría allí a tiempo, ¡meterse con mis muslos! ¡Pero si soy una sílfide!
Y la de hoy ya ha sido... indescriptible: una tía estaba convencida de que estaba llamando a Fuenlabrada -un poquito de geografía, por favó-, que mi casa es una aseguradora -como si me gustara asumir riesgos estúpidos- y que yo tenía su mesa de noséqué material. Mira guapa, si tuviera tanta pasta como para dedicarme a asegurar tus gilipoyeces lo emplearía en comprarme una mesa para mí, en lugar de tener un tablero sobre un par de muebles, y el tipo que se llevó tu mesa te ha dado mi número, así que olvídate de ella, que se la ha quedado, ¿no se llamaría Jorge Arribas no?
Y encima se ha indignado porque yo no tuviera su mesa.

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