Conversación habitual entre mis hormonas y mi cerebro
Deja de compadecerte, coño, que llevas todo el día sin ahcer nada.
¿Y qué quieres que le haga? Necesito un abrazo.
¿Necesitas? Perdona, hasta ahora nunca te has muerto, ésta vez no iba a ser distinta.
Claro, porque no es imprescindible para que siga viviendo, pero sí que lo necesito.
Entonces no digas que lo necesitas, di que lo quieres.
Vale, pero es que lo quiero tanto que lo necesito.
Pues si es tan importante, ve y abraza a la gata.
Eso no vale, joder.
¿Entonces?
No me vale cualquier persona, sólo algunas.
Pues coge la puerta y vete a tomar un café con alguno de esos.
Es que no es tan fácil.
Mira que eres picajosa. ¿Y ahora qué pasa?
Entre otras, que tengo que acabar la práctica.
¿Y por qué no la haces y luego te das una vuelta?
Porque tengo la cabeza en otro sitio y necesito mimos. No me concentro.
Joder, eres imposible. Estás que no te soportas ni tú.
Vete a la mierda.
0 comentarios