Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2008.
No me pregunto si recuerdas que hace un año me quedé en casa para hablar por primera vez contigo en lugar de ir a aquel concierto, ni si recuerdas cuántas horas ni de qué hablamos, ni si te has fijado que dentro de nada volverá a ser 16, ni si recuerdas que dentro de un par de días hará un año que te pregunté algo que no has entendido que sigue siendo importante para mí; casi ni me pregunto qué pensarás el ver mi nombre de vez en cuando en una ventanita que parpadea, o cuando te pedí hace un par de meses que me felicitases, o si seguirás utilizando la pluma, guardando mi collar, o si....
Quizá me bastase con saber si realmente te arrepientes, si me consideras algo pasado que fue y terminó o si quisieras borrarlo, actuar como si nunca hubiese ocurrido.
No sé por qué haces lo que haces pero me estás haciendo continuar de la manera más complicada, con una herida mal curada, con preguntas, sin cerrar el capítulo, sin entender.
Hace un año te estaba viendo sonreír con una copa de champagne en la mano, escapádote rápido del salón de casa para subir a hablar conmigo.
Hoy te imagino sonreír, con el pelo más largo, brindando de nuevo con tus padres, en ese salón que ya sé qué aspecto tiene. Sé que no es en mí en quién pensarás pero aún así yo brindo por ti en silencio, deseándote un feliz cumpleaños. Por tus sueños.
November has come
...something started today... november has come...
16 noviembre
Llevé dos mochilas porque pensé que en el hotel igual no nos darían toallas, fui extremadamente contenta a la facultad y me escapé del laboratorio casi nada más empezar. Corrí mucho mucho, no fueras a tener razón y fuese a perder el bus así que llegué prontísimo a la estación. Perfecto, ahora sólo falta que no lo pierdas. Tú aún estabas en casa, estudiando, y seguiste estudiando en la habitación, como me indicó tu despliegue de apuntes. El autobus estaba sorprendentemente vacío, ahora lo agradezco porque me permitió relajarme y distraerme, ir tumbada leyendo mientras veía ese paisaje que en un par de veces memoricé. Tus montones de sms consiguieron que me mantuviera en ese estado de ilusión que me hacía no pensar en y si y que tuviera ganas y fuerza para todo.
Recuerdo escuchar con detenimiento el Are you listenning? de la O'Riordan y enamorarme de Human Spirit, recuerdo ir viendo las estrellas por la ventanilla e imaginar que en unas horas por fín podría abrazarte y enseñártelas, recuerdo sacar los guiones de laboratorio e intentar adelantar las prácticas pendientes sin llegar a concentrarme, recuerdo reírme sola con la aberración de la lámpara individual del bus, recuerdo disfrutar por primera vez en años de un viaje, pasar kilómetros y kilómetros y transformarlos en tranquilidad, recuerdo que ya en la primera visita, ese gato blanco y negro de la estación de Guarromán, me conquistó, recuerdo sacar el frasco de colonia cuando entrabamos en tu ciudad.
Lo que tú nunca supiste es que dudé. Cuando me dijiste que en media hora estaría allí comencé a pensar qué ocurriría. ¿Qué hacía yo allí, en una ciudad que no es la mía, donde no conocía a nadie más, con alguien a quien no había visto nunca? ¿Y si iba mal? ¿Y si en persona todo era diferente, si no me sentía cómoda, si resultabas ser distinta, si empezaba a descubrir cosas que no me gustaban?
Lo que creo que sí entendiste es que todo eso pasó cuando nos cruzamos en las escaleras mecánicas y te abracé allí mismo, con fuerza, y sentí que todo sería como imaginé, como prometiste. Caminando hacia el coche me sorprendí mirándote y pensando que te conocía a ti pero no a tu cara. Tardé un rato en conciliar tu idea y tu imagen. Después... me propuse memorizar cada peca, cada gesto, cada cicatriz, hacia dónde va cada mechón de pelo, cómo te crecen las uñas, cuántas octavas bajas la voz cuando estás de coña y hablas aguantando la risa, cómo hueles al despertar y a qué ritmo caminas.
Después... nervios. Pero no cambiaría ni uno sólo de los segundos de aquel primer fin de semana. Ni de los siguientes. Pero el primero siempre será el primero.
18 noviembre
Después de levantarnos demasiado rápido para mi gusto, de hacer las maletas mirando el reloj, de quedarme con una de tus fotos de carnet, de coger la cámara a pesar de decidir no distraerme sacando fotos, de pasear, de enseñarme edificios, parques, plazas, callejuelas; de bromear a distancia, de hablarnos en silencio para que nadie nos viera, me llevaste a un pasadizo que tiene una vista especialmente bonita y te enfadaste porque había un grupo de turistas que te chafaron la sorpresa. Me hiciste retroceder para no escuchar sus comentarios y mirar en dirección contraria para no intuir nada, así, unos minutos después, nos quedamos prácticamente solas en aquel lugar, el silencio, tú un metro por delante de mí, ambas mirando hacia la msima zona.
¿Lo recuerdas? Hoy hace un año que mirabas la Giralda a través del arco de una callejuela, enseñándome tu ciudad. Cuando te giraste hacia mí te sorprendiste al ver que yo no prestaba atención al edificio, sólo te observaba a ti, memorizando cada rasgo. No olvidaré esa cara. Creo que fue entonces cuando entendiste que no era una aventura para mí, que estaba allí por ti, que me estaba comprometiendo.
Unas horas después dijiste algo completamente cierto: ¿No quieres ni una foto? Luego te vas a arrepentir.


